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domingo, 21 de febrero de 2010

A vueltas con la escritura

Escribir como necesidad, escribir como terapia, escribir como ejercicio de narcisismo, como espejo en el que verse reflejado, para compartir, para ganarse unas perras (el que puede), para deshacerse de demonios interiores que de otro modo no se pueden expulsar del todo... Mil razones, mil maneras de enfrentarse al acto creativo. Y siempre, o casi siempre, planteándose el por qué de las cosas. ¿Escribo para que me lean/oigan? ¿Busco el reconocimiento? La escritura (sobre todo de canciones) para mí tiene dos partes bien diferenciadas: por un lado ese momento íntimo, de la creación pura y dura, el alumbramiento. Enfrentarse al folio en blanco y salir airoso del lance. Recoger las palabras con cuidado, acomodarlas y hacerlas tuyas. Por otro lado el momento de compartirlas, dejar que sigan su curso, que fluyan y pasen a formar parte de la vida de otras personas. Qué sentimiento más intenso es ver que esta vía de comunicación se abre, que realmente todos formamos parte de algo más grande, de otro universo que sólo se nos abre y se nos muestra a través del hecho creativo.
Claro está que existen otros, que pervierten todo lo que de puro, común y trascendente hay en el arte, y hacen de ello vehículo de su egoísmo. Pero en el fondo sabemos que ellos viven ajenos a la verdadera naturaleza del acto creativo como espacio de comunidad, y eso es lo que nos hace únicos.

martes, 25 de septiembre de 2007

Cry me a river




El tiempo se cristalizó entre ellos, de nuevo pasó todo: de nuevo aquella tarde, aquél café, aquellos cigarrilos, aquel hacerse uno en el fragor de la batalla… “now you say you love me…” Su voz, cálida y sinuosa, cubría con sal las heridas y a la vez le curaba del presente. No había pesadillas, ni la monótona voz del jefe, ni facturas, ni el constante goteo de estupideces del televisor.
El mundo se estrechaba y no había nada más allá de aquel local. Desaparecieron camareros, clientes, paredes…Sólo ella, sólo él, y ese piano deslizándose a través de sus arterias, recorriendo todo su cuerpo, haciéndoles temblar. Cada palabra, cada nota, eran las últimas, se entregaba entera en cada verso traicionando al pasado, obligándolo a volver…“you drove me, nearly drove me out of my head”... De nuevo aquella casa compartida, las horas de espera en el salon, los reproches a deshora, los reencuentros… el dolor de amar hasta lo absurdo…y saberse atada a una canción, dejando en ella su vida, sintiéndose radiante y derrotada, derramando ríos de recuerdos. No se puede cantar de otra manera: llorar con la garganta, desnudarse en la palabra. Y sólo para él…o para sí misma, creando un puente indestructible, una esfera de íntimo desgarro que los demás oyentes sólo podían llegar a intuir.
Lentamente, prolongaba las últimas palabras casi en un susurro, consciente del fin del hechizo, de la vuelta a un presente quizá mejor pero distinto.
Él, conmovido hasta las entrañas, ardiendo de nostalgia, volvía poco a poco al sopor de cada día en la última nota que gemía el piano, deshaciéndose con ella en el vacío.De nuevo tan perdido como siempre, olvidando otra vez que estuvo vivo, perdido en el calor de su garganta… “now you say you're lonely, you cry the whole night through”…
Ella, recogiendo su corazón hecho pedazos, lo recompone y vuelve a cantar, a kilómetros ya de aquellas sensaciones. Y vuelve a levantarse un muro entre ellos, vuelven a ser extraños que el tiempo ha separado jugando con ellos a su antojo, creyendo haber vencido la partida del olvido, y sin embargo perdiéndola cada vez que ella canta esa canción… “I cried a river over you”.